Palabras vacías

Últimamente la gente trata cada vez más de estar comunicado con el resto del mundo, hacer patente su existencia, que los demás sepan que está ahí y en qué se basa su vida.

Nos pasamos el dia pegados a maquinitas que hacen que nuestra vida privada sea pública, que resulte muy difícil evitar que la gente se entere de ciertas cosas que si no vas con cuidado puedes acabar publicando, y no porque tengamos algo que esconder, sino porque pensamos que esas cosas al resto de la gente no les interesa, al igual que a nosotros no nos interesa que hayan comido macarrones.

Finalmente, quieras o no, estas a merced de poder ser localizado en cualquier momento, a tener que contestar obligado y a hablar con una persona con la que igual en ese momento no quieres hablar… También resulta irónico que un instrumento que se inventó para mejorar la comunicación entre diferentes personas que estuvieran a distancia, o para decir cosas urgentes, se haya convertido hoy en un instrumento de la “no-comunicación”, como me gusta llamarlo a mí.

Es evidente, vivo con un smartphone, vivo con WhatsApp, Facebook, Twitter, etc. Antes no ponía tanta atención en las cosas que publicaba, pero ahora sí. De la misma manera que antes me preocupaba no salir bien en una foto y que se subiera, ahora me preocupa que otra persona suba una foto mía sin consentimiento, salga bien o mal, sean conocidos o no. Cualquiera puede subir una foto, cualquiera puede verte, cualquiera puede saber qué haces y donde estas.

Volviendo al tema de la “no-comunicación”. ¿Cuántos mensajes recibimos al día?¿Cuántos de ellos nos sirven?¿Cuántos no nos sirven para nada? Creo que la mayoría coincidirá conmigo en que muy pocos sirven para algo, que son tonterías, que llenan nuestros teléfonos de imágenes y que se comen su memoria, que hacen que perdamos muchísimo tiempo, más del que creemos, y que realmente puedes estar hablando con una persona y no conocerla en absoluto. No me refiero a personas que conoces por alguna red social y con la que empiezas a hablar porque tenéis gustos afines o cosas así, sino a personas que sueles o solías ver, a personas que ahora ya no están lo suficiente cerca como para verlas regularmente pero sí que hablas con ellas de manera contínua. Llega un momento, un punto en una de esas conversaciones, en que te das cuenta de lo mucho que hablas, de la cantidad de palabras y letras, de tiempo que usas, y que en realidad, no hay nada en ellas. El dicho de “las palabras se las lleva el viento” se transforma, porque ahora hasta las palabras escritas desaparecen en un mar de datos y que luego el receptor olvida, y también el emisor.

Por eso palabras vacías, por eso la “no-comunicación”, porque al fin y al cabo, parece que acabaremos siendo muñecos repitiendo siempre cosas inútiles.

E.B.M., 13-03-2015

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