Tú decides.

La vida es un 10% lo que me ocurre y 90% cómo reacciono a ello.-John Maxwell
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Muchas veces somos nosotros los que creamos nuestras propias barreras, nos autolimitamos, nos empequeñecemos y nos cortamos las alas.

Estamos eternamente preocupados con nuestras vidas, con nuestro futuro y nuestro pasado, y no nos ocupamos de disfrutar del momento en el que estamos. 

Nos movemos pensando simplemente en las repercusiones que tendrán nuestros actos en las cabezas del resto de personas, en el que pensarán de mí. 

Tenemos una vocecita que se cree el oráculo de la verdad, susurrando lo que piensa que ocurrirá, adelantándose a los hechos y situándose en las peores de las pesadillas. Le deberíamos de contestar con la típica retaila que nos enseñaron a decir cuando éramos pequeños y no queríamos escuchar algo: “habla chucho que no te escucho”. Y en verdad funciona, llega un momento que sus susurros…

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“Eres más destructiva que la pelirroja”

“Eres más destructiva que la pelirroja. Mi principal problema contigo es que me pones muy nervioso, me cabreas, discutimos y no se arregla nada. Y volvemos a hablar cuando se me pasa, pero me las voy guardando. Por eso te dije que ya no te considero una amiga, porque para que me toques los huevos ya tengo a media valencia y sus problemas conmigo. Independientemente de eso, no te diré que eres una mala tía, me caes bien, pero cuando estas insoportable consigues empeorarlo todo más. No sé como serás ahora, pero evito discutir contigo, no tengo ganas, y la verdad, creía que pensabas más o menos lo mismo, por eso considero que ya no te lleno.”

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Creo que lo que más me ha impresionado es que me digas que soy más destructiva que la pelirroja, tu, que decías que con ella las discusiones eran brutales, que la odiabas a veces y la querías por partes iguales. Pero claro, después viene todo lo demás.

Según tu, cuando discutíais os pasabáis unos días sin hablar, pero luego quién hubiese iniciado la discusión le regalaba al otro un paquete de lacasitos y se solucionaba la cosa. Eso de que se solucionara es relativo, porque os perdonabáis y ya está, ¿por qué conmigo es diferente si nosotros pasamos a otra cosa? A mi entender, tampoco tu y yo lo solucionamos.

Y tengo que saber esas cosas, pese haber estado contigo, haber tenido lazos emocionales, tu me cuentas sobre las chicas que conoces, sobre como son, lo que las hace especiales, y yo no digo nada, no me enfado, pero pienso en si tu también decías esas cosas de mí cuando me conociste… o no. Pero lo dejo pasar. ¿Cuántas discusiones podríamos haber tenido si yo no hubiese aguantado que tu me contaras “He conocido a una chica genial, perfecta, es perfecta” una y otra vez? ¿Cuántas? No sé, posiblemente muchas. Después sigo siendo yo la que te “toca los huevos”.

Si no sabes lo que pienso, como pienso, no puedes considerar así porque sí que ya no me llenes. ¿Qué no me llenes? ¿Como sabes eso? No sé, ni tan siquiera yo sé si me llenas, porque realmente siempre pienso que contigo me faltan cosas y me sobran otras. Querría descubrir si me llenas, pero no consideres tu por ti mismo y tus razonamientos que no me llenas porque ni siquiera yo lo sé, y creo que debería saberlo yo antes que tu. ¿No?

Por el miedo a que vuelva a doler

Lo siento. Siento si no soy abierta o si no logro reirme de las gracias. Siento si soy sosa o no me abro. Siento si no cuento cosas personales o si no las pregunto. De verdad que lo siento, pero me cuesta, me cuesta y mucho.

Después del gran batacazo emocional, que sinceramente no esperaba, al fin y al cabo fui yo la que lo decidió todo, la que decidió cortar de malas formas y sin ser correcto y honesto sin preguntar, sin avisar y sin dar mas opciones. No me lo esperaba porque fue mi decisión y se suponía que estaría mejor y que era lo que quería y todo lo demás. Pero no. Bueno, volviendo, después de ese batacazo, de sentirme mal, de no saber que quería y de llorar todos y cada uno de los días mientras me costaba respirar y cuando no estaba llorando miraba a la nada y dejaba la mente en blanco porque al fin y al cabo así me sentía un poco mejor, después de eso es normal que no quiera hacer cosas que me puedan llevar a pasarlo otra vez así de mal. Creo que es normal. Creo que es comprensible que me cueste soltarme y confiar. No quiero volver a estar como estos dos meses atrás porque no recuerdo haberlo pasado tan mal nunca, y sigo sin estar bien, pero lo intento una y otra vez, e intento parecer animada y con gansd de hacer cosas, sobretodo por mi madre, que es quién más a sufrido esto a parte de mí, porque ha sido mi pilar en esto.

Ya se que debería tranquilizarme, tomarme las cosas con calma e ir poco a poco. Pero a la hora de conocer a alguien, estoy tan harta de los capullos con los que me he cruzado y por desgracia alguno enamorado, que me cuesta muchísimo, y mas cuando pienso que he tenido al mejor tio que he encontrado, que me quería, que era atento y cariñoso conmigo, y lo he dejado -por decisión propia y aun sigo pensando en si fue bueno o malo. Me cuesta conocer a chicos ahora mismo, me cuesta confiar en ellos. No quiero ilusionarme y al final siempre soy la misma ilusa se siempre. No quiero que me hagan daño. Me da mucho miedo volver a ese punto de oscuridad en el que he estado estos dos meses y del que he intentado salir, al menos ya salgo, pero muchas veces, la mayor parte del tiempo, esa presión en el pecho, esa ansiedad, el pensar que esto va a ser siempre así y estar desanimada y depresiva, todo eso sigue ahí, algunas veces lo noto mas y otras veces menos, pero sigue ahí.

No quiero ilusionarme para luego volver a eso. Porque si lo he pasado peor que en mi vida y fue decisión mía, no quiero imaginar si soy yo a la que dejan y hacen daño.

Todo esto es por el miedo a que vuelva a doler.

LOS DE SIEMPRE

No es el tiempo el que pasa, pasamos nosotros
– Anónimo

Hubo un tiempo en que nuestra bebida favorita fue el malibú con piña, y nuestra preocupación más grande que colara el DNI que nos habían prestado. Ansiábamos que pasaran los días para que cambiaran esas fechas, y poder entregárselo al puerta con aire de superioridad y satisfacción, diciéndole con la mirada un ya no puedes tirarme. Al menos no por la edad.

Los mejores planes eran los parques oscuros en pleno invierno con un cartón de sangría en la mano. Saborear el humo de un cigarro y reír de un lado a otro con tus compañeros de instituto. Si llovía daba igual, siempre que estuviera aquel puente que cruzaba la carretera bajo el que poder resguardarse.

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Probablemente nunca más has sentido tanto frío como aquellas madrugadas de temperatura polar, feliz con tus medias transparentes, caminando de un lado a otro…

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Mirar atrás, pensar que antes era mejor, pero luego piensas, y lo que piensas te dice otras cosas:

No es que fuera mejor antes, que fueras más feliz o menos, lo que pasa es que ahora eres mucho más consciente de las cosas que pasan a tu alrededor, ahora tienes más miedos y temores, y antes, eras más alocada, inconsciente. ¿En qué momento empezó eso a cambiar? No lo sabes, sólo sabes que de un tiempo a ahora las cosas no son iguales y no eres igual, pero ello no significa que seas menos feliz o menos tu. Las personas cambian, encontrar la felicidad puede ser más difícil porque hay más preocupaciones, pero que ella depende de ti, y que tienes que hacer las cosas que te hagan feliz, así, sin más.

¿Qué está pasando?

No estoy entendiendo nada de lo que me está pasando. Hace apenas tres días estaba hundida, no quería hacer ni hacía nada, no salía de mi propoio buvle y de repente, todo vuelve a estar como antes y parece que nada haya pasado.

Es raro que de repente me encuentre bien, tan bien en comparación a como me he sentido este mes atrás, y me da miedo que sea temporal y que en cualquier momento vuelva a sentirme mal, pero de momento, voy a disfrutarlo lo más y mejor que pueda, porque no puedo estar toda la vida amargada.

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Odiar y seguir.

Odio estar así. Lo odio mucho.

Sé que estoy mal, sé que lo estoy, e intento no estarlo, intento ir mejorando, hacer cosas, y sin embargo, llega un punto del día en el que no puedo más, así, sin más, no puedo más. Esto se pasa ya, me afecta a la hora de estudiar, de relacionarme, de comer, a la hora de todo. Me preocupa mi salud, como poco y mal, incluso a veces he vomitado sin querer. No quiero esto, no lo quiero.

Me he propuesto avanzar, no quedarme estancada en esto, ir a mejor, porque a peor ya no creo que se pueda más. Intentar superar lo que me pasa, sea lo que sea. Seguir.