No pensar

Hay una cosa magnífica que se llama no pensar. Sí, no pensar, dejar la mente en blanco y ya está.

Pues no, no existe, no la hay en mi cabeza, siempre tengo que estar pensando algo, y si no pasa nada ya me busco yo algo en lo que pensar, y de repente voy difusa, muy difusa, y no me entero de las cosas. Pero mi cabeza ahí sigue, a la suya, como si no me perteneciera.

Lo máximo que he logrado a algo parecido a no pensar es pensar en respirar. Así dicho suena raro, pero resulta que si cierro los ojos y me concentro en respirar, sólo en como tiene que entrar el aire en mi cuerpo y adonde tiene que ir para segundos después recorrer el mismo camino y salir, y resulta que sí que puedo concentrarme en una única cosa a la vez, aunque sólo sea en respirar.

Total, que es lo más cerca que he llegado nunca a “dejar la mente en blanco”, pensar en respirar, porque sólo pensaba en eso, aunque claro, de repente llegaban pensamientos de “¿y en qué estaba pensando yo hace un momento?“.

Viendo esto, creo que es un poco imposible eso de no pensar.

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Toda calma necesita su tormenta – Pablo Pacanowski

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