Se había acostumbrado a su espacio, su silencio y su soledad; había concluido que le costaría mucho compartir su cama, su baño y su ropero y que ningún hombre podía satisfacer todas sus necesidades. En la juventud creía que, sin el amor de pareja, estaba incompleta, que le faltaba algo esencial. En la madurez agradecía la rica cornucopia de su existencia.

Más allá del invierno, Isabel Allende.

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Hoy he leído un texto escrito por Elvira Lindo, titulado “De mis soledades vengo”. Es más, ese texto es lo primero que he leído en este día, y me he sentido a la vez identificada y aliviada.

El texto en si trata sobre la soledad, y de con el me he sentido identificada porque me ha hecho recordar aquellos dos meses tan malos en los que me sentí así: sola. Y me he sentido aliviada también al ver un texto escrito sobre este tema, que parece que todo el mundo comprende pero que en realidad a cada persona que le pasa lo siente de una manera distinta.

Del texto me quedo con una cita a otra autora, Olivia Laing en La ciudad solitaria. Aventuras en el arte de estar solo, libro que dejo en mi lista de lecturas pendientes : “¿Qué se siente al estar solo? Es una sensación parecida al hambre: como pasar hambre mientras alrededor todo el mundo se prepara un banquete”.

Por si alguien quiere leer el texto de Elvira Lindo, aquí dejo el enlace: De mis soledades vengo.

 

No, pero quería hacer el amor amando, por el placer del cuerpo y la tranquilidad del espíritu. Quería hacer el amor con alguien que sintiera como ella. Quería ser aceptada sin nada que ocultar o fingir, conocer al otro profundamente y aceptarlo de la misma manera. Quería alguien con quien pasar la mañana del domingo en la cama leyendo los periódicos, a quien tomarle la mano en el cine, con quien reírse de tonterías y discutir ideas. Había superado el entusiasmo por las aventuras fugaces.

Más allá del invierno, Isabel Allende.