Se había acostumbrado a su espacio, su silencio y su soledad; había concluido que le costaría mucho compartir su cama, su baño y su ropero y que ningún hombre podía satisfacer todas sus necesidades. En la juventud creía que, sin el amor de pareja, estaba incompleta, que le faltaba algo esencial. En la madurez agradecía la rica cornucopia de su existencia.

Más allá del invierno, Isabel Allende.

Advertisements

Isabel Allende

Ayer o antes de ayer, vi una entrevista que le habían hecho a Isabel Allende, y una vez más, me sorprendió y animó.

Desde hace unos cuantos años, puede que ocho o nueve, cuando una amiga de mi madre, a la que tendré que agradecer siempre que me haya descubierto a esta maravillosa autora, me dejó La ciudad de las Bestias, y a la semana fui corriendo a su casa para que me diera los dos siguientes de esa trilogía, he leído a esta autora.

Y en esos libros me introduje en sus historias, historias donde siempre hay una mujer, o varias, que tienen mucha fuerza… Cuando en segundo de bachillerato nos mandaron a leer La casa de los espíritus, y lo hicieron de manera que nos lo leyéramos durante el verano, yo ya lo había leído unas tres veces. Creo que era la única que cogía ese libro de la biblioteca de mi puedo, y hace poco tiempo al fin lo compré, y aun no me he cansado de releerlo, es más, es una de las lecturas para este verano, otra vez.

En fin, esta entrada era para agradecer de manera simbólica a esa amiga de mi madre, y para recordarme a mí misma las palabras de esta mujer en su entrevista “siempre hay más posibilidades si uno está abierto a que le sucedan cosas y a correr riesgos“.