Sí -continuó él-, es uno de los grandes secretos de la vida. Hoy día, la mayor parte de la gente muere de una especie de asqueroso sentido común, y cuando es demasiado tarde descubren que lo único de lo que nunca nos arrepentimos son los errores.

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Dorian

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Cuando nuestros ojos se encontraron, me sentí palidecer. Se apoderó de mí una extraña sensación de terror. Supe que me encontraba frente a alguien con una personalidad tan fascinante en sí misma que, si dejaba que las cosas siguiesen su curso, absorbería todo mi ser, toda mi alma, e incluso mi arte. Y yo no necesitaba ninguna influencia externa en mi vida. Ya sabes lo independiente que soy por naturaleza. Siempre he sido mi propio dueño; o por lo menos lo había sido hasta que lo conocí. Luego… aunque no sé cómo explicártelo, tuve la impresión de que algo me decía que mi vida se encontraba al borde de una crisis terrible. Tuve la extraña sensación de que el Destino me reservaba alegrías exquisitas y exquisitos sufrimientos. Sentí miedo, y me di la vuelta para abandonar la sala. No era la consciencia lo que me impulsaba a actuar así; era una especie de cobardía. No me enorgullezco de haber intentado escapar.

– La conciencia y la cobardía son en realidad lo mismo.