No, pero quería hacer el amor amando, por el placer del cuerpo y la tranquilidad del espíritu. Quería hacer el amor con alguien que sintiera como ella. Quería ser aceptada sin nada que ocultar o fingir, conocer al otro profundamente y aceptarlo de la misma manera. Quería alguien con quien pasar la mañana del domingo en la cama leyendo los periódicos, a quien tomarle la mano en el cine, con quien reírse de tonterías y discutir ideas. Había superado el entusiasmo por las aventuras fugaces.

Más allá del invierno, Isabel Allende.

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¿Qué hacer cuándo ya no sabes qué hacer?

En las últimas semanas estoy bastante despistada, o ida, o como queráis llamarlo, y es que parece que voy haciendo las cosas por inercia y sin ganas… todas ellas. Lo único que me apetece es estar tirada sin hacer absolutamente nada, y eso tampoco puede ser. Y consciente de ello, intento y me esfuerzo en tratar de hacer las cosas que debo hacer, aunque he de decir que los resultados son de todo menos los deseables y los que esperan las personas de mi alrededor… porque realmente yo ya sabía que esos iban a ser los resultados.

Aunque tengo esa sensación de inapetencia general, algunos días me apetece hacer más cosas que otros, así que unos días soy lo que yo llamo “más rentable” y otros pues… soy un desastre. Por desgracia, cada vez más son esos días en los que no soy rentable y en los que no me apetece hacer nada, y pienso que en parte es porque he perdido la motivación o el interés de lo que hacía, y ahora ya no sé en que sitios me estoy moviendo.

Y así son mis últimos días… y ahí viene mi pregunta: ¿qué hacer cuando ya no sabes qué hacer?

Isabel Allende

Ayer o antes de ayer, vi una entrevista que le habían hecho a Isabel Allende, y una vez más, me sorprendió y animó.

Desde hace unos cuantos años, puede que ocho o nueve, cuando una amiga de mi madre, a la que tendré que agradecer siempre que me haya descubierto a esta maravillosa autora, me dejó La ciudad de las Bestias, y a la semana fui corriendo a su casa para que me diera los dos siguientes de esa trilogía, he leído a esta autora.

Y en esos libros me introduje en sus historias, historias donde siempre hay una mujer, o varias, que tienen mucha fuerza… Cuando en segundo de bachillerato nos mandaron a leer La casa de los espíritus, y lo hicieron de manera que nos lo leyéramos durante el verano, yo ya lo había leído unas tres veces. Creo que era la única que cogía ese libro de la biblioteca de mi puedo, y hace poco tiempo al fin lo compré, y aun no me he cansado de releerlo, es más, es una de las lecturas para este verano, otra vez.

En fin, esta entrada era para agradecer de manera simbólica a esa amiga de mi madre, y para recordarme a mí misma las palabras de esta mujer en su entrevista “siempre hay más posibilidades si uno está abierto a que le sucedan cosas y a correr riesgos“.

100 entradas

Hoy voy a ser breve, muy breve.

Quería haber hecho esta entrada como si fuera la anterior, la de la semana pasada, pero se me despistó la cosa y al final publiqué otra entrada.

Quería haberla hecho hace 2 posts, porque fue cuando me llego la notificación de “Has publicado 100 entradas en ebamar” y bueno, eso es algo importante, ¿no?

Este año ha sido en el que he cumplido dos años aquí, y en el que he llegado a las 100 entradas. Me parece poco, relativamente, según se vea. No publiqué mucho hasta los primeros meses del año pasado, y después he tenido otro gran parón hasta ahora, en el que he vuelto a publicar un poco más… me parece una trayectoria algo extraña.

Pero bueno, en este post conmemorativo por las 100 entradas, lo que quería decir, o mejor dicho agradecer, es a la gente, las personas, que de una manera u otra han interactuado conmigo ya sea a través de likes o comentarios. Agradecerles tanto a las que llevan ahí desde el año pasado como a las que han llegado hace poco.

Gracias a todos, porque esta entrada número 100 (bueno, en realidad ahora 102), es por vosotros.

El laberinto de los espíritus

Me quedan exactamente 101 páginas para acabar este último libro de Carlos Ruiz Zafón. La verdad que lo he leído a una velocidad que, comparada con los últimos meses, o incluso el último año, ha sido bastante rápida, pues mañana hará dos meses que lo empecé.

Los otros tres libros a los que va ligado este cuarto, los leí creo que en una semana y media hace dos veranos. Los devoré, mejor dicho, y creo que ahora ya se puede decir que he leído todos los del autor. Este, sin embargo, me ha durado dos meses -puede que tarde un par de días más en terminarlo- pero me siento satisfecha, porque hace unos meses llegó un momento en el que me di cuenta de que no sabía qué leer: me gustaban muchos libros, pero ninguno me llamaba demasiado la atención como para empezar a leerlo.

Y entonces llegó La chica del tren, de Paula Hawkins, e ironías de la vida, fue uno de esos libros que no me llamaron mucho la atención pero que decidí comprar precisamente para leer en el tren. Bueno, por primera vez en meses sentí que leía algo y me absorbía, como cuando con 13 o 14 años devoraba las novelas de Laura Gallego, o hace un par de años las de Sarah Lark.

Hace poco más de tres semanas, terminé un libro que leía en el tren y decidí “leer uno corto, que así amenizo los viajes”, entonces me di cuenta de que para mí un libro corto significa que tiene que tener al menos 700 páginas.

Creo que más adelante diré cual es este libro que, precisamente, me está encantando también.

 

Un padre nunca ve envejecer a sus hijos, y a sus ojos siempre se aparecen como aquellos niños que un día le miraban con veneración, convencidos de que tenía las respuestas a todos los enigmas del universo.

El laberinto de los espíritus – Carlos Ruiz Zafón

 

Tiempo

Hay veces que por mucho tiempo que pase las emociones vuelven a surgir como si nada.

Hay veces en las que prefieres sentirte así, y otras que desearías haberlo olvidado todo.

Hay veces que aunque tu cabeza te diga que no es lo mejor con toda su fuerza, haces caso a aquella vocecita que te dice que hagas alguna locura, aunque en el fondo sabes que te va a hacer daño.

Hay veces que no sabes como te sientes, o como deberías sentirte, o qué hacer o qué decir, porque te bloqueas y te quedas en blanco.

Hay veces que quieres sentirte como antes, otras veces no, otras veces puede que sea mejor dejarlo ir, y pasar página.

Y entonces te pones a escuchar a Yiruma, e intentas olvidarte de todo.