100 entradas

Hoy voy a ser breve, muy breve.

Quería haber hecho esta entrada como si fuera la anterior, la de la semana pasada, pero se me despistó la cosa y al final publiqué otra entrada.

Quería haberla hecho hace 2 posts, porque fue cuando me llego la notificación de “Has publicado 100 entradas en ebamar” y bueno, eso es algo importante, ¿no?

Este año ha sido en el que he cumplido dos años aquí, y en el que he llegado a las 100 entradas. Me parece poco, relativamente, según se vea. No publiqué mucho hasta los primeros meses del año pasado, y después he tenido otro gran parón hasta ahora, en el que he vuelto a publicar un poco más… me parece una trayectoria algo extraña.

Pero bueno, en este post conmemorativo por las 100 entradas, lo que quería decir, o mejor dicho agradecer, es a la gente, las personas, que de una manera u otra han interactuado conmigo ya sea a través de likes o comentarios. Agradecerles tanto a las que llevan ahí desde el año pasado como a las que han llegado hace poco.

Gracias a todos, porque esta entrada número 100 (bueno, en realidad ahora 102), es por vosotros.

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El laberinto de los espíritus

Me quedan exactamente 101 páginas para acabar este último libro de Carlos Ruiz Zafón. La verdad que lo he leído a una velocidad que, comparada con los últimos meses, o incluso el último año, ha sido bastante rápida, pues mañana hará dos meses que lo empecé.

Los otros tres libros a los que va ligado este cuarto, los leí creo que en una semana y media hace dos veranos. Los devoré, mejor dicho, y creo que ahora ya se puede decir que he leído todos los del autor. Este, sin embargo, me ha durado dos meses -puede que tarde un par de días más en terminarlo- pero me siento satisfecha, porque hace unos meses llegó un momento en el que me di cuenta de que no sabía qué leer: me gustaban muchos libros, pero ninguno me llamaba demasiado la atención como para empezar a leerlo.

Y entonces llegó La chica del tren, de Paula Hawkins, e ironías de la vida, fue uno de esos libros que no me llamaron mucho la atención pero que decidí comprar precisamente para leer en el tren. Bueno, por primera vez en meses sentí que leía algo y me absorbía, como cuando con 13 o 14 años devoraba las novelas de Laura Gallego, o hace un par de años las de Sarah Lark.

Hace poco más de tres semanas, terminé un libro que leía en el tren y decidí “leer uno corto, que así amenizo los viajes”, entonces me di cuenta de que para mí un libro corto significa que tiene que tener al menos 700 páginas.

Creo que más adelante diré cual es este libro que, precisamente, me está encantando también.

 

Un padre nunca ve envejecer a sus hijos, y a sus ojos siempre se aparecen como aquellos niños que un día le miraban con veneración, convencidos de que tenía las respuestas a todos los enigmas del universo.

El laberinto de los espíritus – Carlos Ruiz Zafón

 

Tiempo

Hay veces que por mucho tiempo que pase las emociones vuelven a surgir como si nada.

Hay veces en las que prefieres sentirte así, y otras que desearías haberlo olvidado todo.

Hay veces que aunque tu cabeza te diga que no es lo mejor con toda su fuerza, haces caso a aquella vocecita que te dice que hagas alguna locura, aunque en el fondo sabes que te va a hacer daño.

Hay veces que no sabes como te sientes, o como deberías sentirte, o qué hacer o qué decir, porque te bloqueas y te quedas en blanco.

Hay veces que quieres sentirte como antes, otras veces no, otras veces puede que sea mejor dejarlo ir, y pasar página.

Y entonces te pones a escuchar a Yiruma, e intentas olvidarte de todo.

Cuestión de ganas. No de tiempo.

El rincón de floricienta

cuestión de ganasQue no te engañen. El tiempo no existe. Es solo una invención humana para dar un poco de coherencia y sentido a nuestros días. Un caos desordenado que nos obliga a vivir bajo una estructura coordinada. Hemos crecido entre un montón de mentiras. Nos han hecho creer cientos de cosas que hemos digerido “como normales”. Y aprendimos lo que buenamente generación tras generación ha ido divulgando.

“Tiempo al tiempo”, “El tiempo todo lo cura”, “Todo es cuestión de tiempo”, “El tiempo es oro”. ¿De verdad?

¿Y si te digo que lo que importa no es el tiempo sino las GANAS?

Ganas a las ganas.

Las ganas lo curan todo.

Todo es cuestión de ganas.

Las ganas es oro.

Cuando estás mal ¿qué te hace sentir mejor? LAS GANAS. Las ganas de salir adelante. Las ganas de creer en ti. Las ganas de sentir y hacer todo lo posible porque ¡coño! ¡Tú…

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La mujer del tren

La mujer, coge todos los días el tren de las 07:42 para ir a trabaja. Bueno, todos los días no, casi todos, porque los martes no trabaja. Siempre a la misma hora, siempre el mismo trayecto, unos 40 minutos con ese movimiento que, si has pasado una mala noche, anima a que cierres los ojos y descanses un poco más.

Ella es costurera, lo es de toda la vida, y aun le quedan unos cuantos años para jubilarse. Imagino que trabaja en uno de esos pequeños talleres que han sobrevivido a los cambios que en los barrios de las ciudades se van sucediendo, y modernizando, para beneficio de unos y pesar de otros.

En varias ocasiones me ha contado, muy orgullosa, los progresos de su nieta con las cosas que come, desde tirar la comida por los aires a aceptar los trozos de zanahoria escondidos entre la patata. También me ha reñido por fumar, contándome enseguida su experiencia:

“Un día dejé de fumar. No porque me lo planteara, sino porque no me apetecía seguir fumando. Aún así, conservé el paquete de cigarrillos. Cuando salíamos yo y mis amigas al descanso, me preguntaban si me apetecía fumar, y yo les respondía que acababa de fumar, aunque no era cierto, y las fui invitando hasta que terminé el paquete. Desde entonces ni un cigarrillo!”

Vive con su marido, su hija, el marido de esta y la hija de ambos. Según me ha contado, su hija es una mujer trabajadora, muy ocupada, y que por eso decidió vivir con ellos, así ella la podía ayudar, para que pudiese disfrutar del tiempo libre.

La mujer del tren también es una mujer trabajadora y muy ocupada, pero seguramente no se califique a si misma de esa manera. Ella trabaja, y sigue cuidando ya no sólo de su familia, sino también de la familia que ha formado su hija. Creo que la mujer del tren es una de esas mujeres que lo quieren hacer todo y que, milagrosamente, consiguen encontrar el equilibrio en ese “todo”.

Dos años

Hacía ya bastante tiempo que no me pasaba por aquí, y resulta que abro la página y me veo una notificación. Voy a ver que es y… hace dos años que empecé con este blog.

No me acordaba que fuera ya hace dos años, es decir, sé que hace ya bastante que tengo esta página, pero no esperaba que justo el día en el que después de varias semanas entro, sea el día que hace dos años que existe esto.

Menuda coincidencia.

No pensar

Hay una cosa magnífica que se llama no pensar. Sí, no pensar, dejar la mente en blanco y ya está.

Pues no, no existe, no la hay en mi cabeza, siempre tengo que estar pensando algo, y si no pasa nada ya me busco yo algo en lo que pensar, y de repente voy difusa, muy difusa, y no me entero de las cosas. Pero mi cabeza ahí sigue, a la suya, como si no me perteneciera.

Lo máximo que he logrado a algo parecido a no pensar es pensar en respirar. Así dicho suena raro, pero resulta que si cierro los ojos y me concentro en respirar, sólo en como tiene que entrar el aire en mi cuerpo y adonde tiene que ir para segundos después recorrer el mismo camino y salir, y resulta que sí que puedo concentrarme en una única cosa a la vez, aunque sólo sea en respirar.

Total, que es lo más cerca que he llegado nunca a “dejar la mente en blanco”, pensar en respirar, porque sólo pensaba en eso, aunque claro, de repente llegaban pensamientos de “¿y en qué estaba pensando yo hace un momento?“.

Viendo esto, creo que es un poco imposible eso de no pensar.

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Toda calma necesita su tormenta – Pablo Pacanowski