Conceptos nuevos y confusos: el Feminismo Neomalthusiano

Lo primero que tengo que decir es que hasta hace dos días el concepto de “Feminismo Neomalthusiano” para mí no existía, es decir, no tenía ni idea de que un concepto así existiera. Sabía que existe el concepto de Feminismo, está ahí, día a día en mis pensamientos; también sabía que existe el concepto de Neomalthusianismo, pues por mis estudios es un tema que hemos tratado. Hasta ahí todo bien.

El tema está en que para una de las asignaturas de mi carrera tengo que leer un libro titulado El ecologismo de los pobres. Conflictos ambientales y leguajes de valoración, de Joan Martínez-Alier. Lo de “tengo que leer un libro” es literal, teníamos que leer un libro sobre problemas ambientales, a nuestra elección, el libro que yo elegí es este. Me está costando avanzar en este libro porque en los primeros capítulos contiene muchos conceptos nuevos para mí y que a veces me cuesta comprender, párrafos que tengo que leer dos veces y cosas que tengo que subrayar –cosa que a veces se me va de las manos y termino subrayando media página-, uno de esos nuevos conceptos para mí es el de Feminismo Neomalthusiano.

Después de leer ese apartado –como he dicho hace dos días- imaginad la impresión que me ha dado que sigo reflexionando en ello desde entonces y ahora, literalmente pienso que lo que quiere decir este concepto es algo así como que el feminismo surgió a la par que la corriente neomalthusiana y las mujeres se dieron cuenta del problema de la superpoblación mundial y por eso decidieron que querían tener un control sobre su cuerpo en cuanto embarazos se refiere.

Esa es la idea a la que he llegado, si alguien tiene más idea sobre este concepto o corriente, por favor le pido que me ilustre, seguramente esto que he pensado no tenga mucho que ver con el concepto en sí o con lo que quiere decir el autor, ya he dicho que este libro para mi contiene muchas cosas nuevas, y esta es una de las que más me ha llamado la atención y sobre la que quiero saber más, y que por lo tanto, apunto en mi lista de “Cosas por hacer” para documentarme sobre ello.

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Se había acostumbrado a su espacio, su silencio y su soledad; había concluido que le costaría mucho compartir su cama, su baño y su ropero y que ningún hombre podía satisfacer todas sus necesidades. En la juventud creía que, sin el amor de pareja, estaba incompleta, que le faltaba algo esencial. En la madurez agradecía la rica cornucopia de su existencia.

Más allá del invierno, Isabel Allende.

Hoy he leído un texto escrito por Elvira Lindo, titulado “De mis soledades vengo”. Es más, ese texto es lo primero que he leído en este día, y me he sentido a la vez identificada y aliviada.

El texto en si trata sobre la soledad, y de con el me he sentido identificada porque me ha hecho recordar aquellos dos meses tan malos en los que me sentí así: sola. Y me he sentido aliviada también al ver un texto escrito sobre este tema, que parece que todo el mundo comprende pero que en realidad a cada persona que le pasa lo siente de una manera distinta.

Del texto me quedo con una cita a otra autora, Olivia Laing en La ciudad solitaria. Aventuras en el arte de estar solo, libro que dejo en mi lista de lecturas pendientes : “¿Qué se siente al estar solo? Es una sensación parecida al hambre: como pasar hambre mientras alrededor todo el mundo se prepara un banquete”.

Por si alguien quiere leer el texto de Elvira Lindo, aquí dejo el enlace: De mis soledades vengo.

 

No, pero quería hacer el amor amando, por el placer del cuerpo y la tranquilidad del espíritu. Quería hacer el amor con alguien que sintiera como ella. Quería ser aceptada sin nada que ocultar o fingir, conocer al otro profundamente y aceptarlo de la misma manera. Quería alguien con quien pasar la mañana del domingo en la cama leyendo los periódicos, a quien tomarle la mano en el cine, con quien reírse de tonterías y discutir ideas. Había superado el entusiasmo por las aventuras fugaces.

Más allá del invierno, Isabel Allende.

¿Qué hacer cuándo ya no sabes qué hacer?

En las últimas semanas estoy bastante despistada, o ida, o como queráis llamarlo, y es que parece que voy haciendo las cosas por inercia y sin ganas… todas ellas. Lo único que me apetece es estar tirada sin hacer absolutamente nada, y eso tampoco puede ser. Y consciente de ello, intento y me esfuerzo en tratar de hacer las cosas que debo hacer, aunque he de decir que los resultados son de todo menos los deseables y los que esperan las personas de mi alrededor… porque realmente yo ya sabía que esos iban a ser los resultados.

Aunque tengo esa sensación de inapetencia general, algunos días me apetece hacer más cosas que otros, así que unos días soy lo que yo llamo “más rentable” y otros pues… soy un desastre. Por desgracia, cada vez más son esos días en los que no soy rentable y en los que no me apetece hacer nada, y pienso que en parte es porque he perdido la motivación o el interés de lo que hacía, y ahora ya no sé en que sitios me estoy moviendo.

Y así son mis últimos días… y ahí viene mi pregunta: ¿qué hacer cuando ya no sabes qué hacer?

Isabel Allende

Ayer o antes de ayer, vi una entrevista que le habían hecho a Isabel Allende, y una vez más, me sorprendió y animó.

Desde hace unos cuantos años, puede que ocho o nueve, cuando una amiga de mi madre, a la que tendré que agradecer siempre que me haya descubierto a esta maravillosa autora, me dejó La ciudad de las Bestias, y a la semana fui corriendo a su casa para que me diera los dos siguientes de esa trilogía, he leído a esta autora.

Y en esos libros me introduje en sus historias, historias donde siempre hay una mujer, o varias, que tienen mucha fuerza… Cuando en segundo de bachillerato nos mandaron a leer La casa de los espíritus, y lo hicieron de manera que nos lo leyéramos durante el verano, yo ya lo había leído unas tres veces. Creo que era la única que cogía ese libro de la biblioteca de mi puedo, y hace poco tiempo al fin lo compré, y aun no me he cansado de releerlo, es más, es una de las lecturas para este verano, otra vez.

En fin, esta entrada era para agradecer de manera simbólica a esa amiga de mi madre, y para recordarme a mí misma las palabras de esta mujer en su entrevista “siempre hay más posibilidades si uno está abierto a que le sucedan cosas y a correr riesgos“.